La 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas comenzó el 8 de septiembre de 2026 y se desarrollará hasta septiembre de 2027. El tema elegido para el período es restaurar la confianza y gestionar la transformación para que la ONU produzca resultados para todos, una formulación que refleja una preocupación de fondo: la organización sigue siendo el foro universal más amplio del sistema internacional, pero enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad para responder con rapidez a crisis cada vez más complejas.

A diferencia del Consejo de Seguridad, la Asamblea General reúne a los 193 Estados miembros en condiciones formales de igualdad, con un voto por país. Esa amplitud le da legitimidad política y capacidad para fijar agendas, aunque muchas de sus resoluciones no tengan el carácter obligatorio de las decisiones adoptadas por el Consejo de Seguridad bajo determinadas disposiciones de la Carta.

Uno de los debates estructurales volvió a ser la reforma del Consejo de Seguridad. El presidente de la Asamblea General ha defendido un órgano más representativo, transparente y ajustado a la realidad geopolítica actual, con especial atención a la subrepresentación africana. La discusión no es nueva, pero cobra más fuerza cuando conflictos prolongados dejan expuestas las limitaciones del sistema de veto y la dificultad para producir consensos entre las grandes potencias.

La semana de alto nivel tampoco produjo soluciones inmediatas para los principales conflictos. Reuters describió avances modestos en contactos vinculados con Irán y Ucrania, pero sin grandes rupturas diplomáticas. Esa diferencia entre la intensidad de la actividad diplomática y la dificultad para cerrar acuerdos explica parte del debate sobre la efectividad del multilateralismo.

La inteligencia artificial ganó una visibilidad excepcional dentro de la agenda. Gobiernos, organismos internacionales y líderes empresariales discutieron riesgos, seguridad y cooperación internacional. Esto muestra una ampliación del concepto tradicional de seguridad: además de guerras, armas y fronteras, los Estados están tratando como asuntos internacionales tecnologías capaces de afectar infraestructura, información, economía y administración pública.

La ONU también enfrenta un problema de capacidad institucional. Presiones financieras, menor confianza entre bloques políticos y múltiples crisis simultáneas limitan su margen de acción. Reformar el sistema, sin embargo, exige acuerdos entre los mismos Estados cuyos intereses son diferentes. Esa paradoja explica por qué muchas propuestas de reforma acumulan años de discusión.

El punto a observar durante esta sesión no será únicamente la cantidad de discursos o reuniones, sino si los Estados logran convertir algunos de esos consensos generales en mecanismos concretos: reglas sobre inteligencia artificial, acuerdos humanitarios, reformas de representación o compromisos verificables en conflictos abiertos.

Fuentes consultadas